Cuando nos decidimos por comprar una vivienda, por lo general no sufrimos un flechazo sino que nos confunden las características de todas los inmuebles por los que nos hemos interesado.

  • Quieres entrar en la vivienda. Hay algo en los alrededores, en el portal, en la puerta que te invita a entrar, te apetece adentrarte en ella. Sucede a veces en obra nueva, cuando se pueden elegir viviendas con las mismas características en la misma planta, una vivienda gusta más que otra. Piensas en pintar las paredes de otros colores para que encajen en tu estilo.
  • Imaginas la decoración. Te sientes tan cómodo que ya piensas en qué lugar colocarás el sofá, donde pondrás determinado cuadro o incluso cuál será el lugar que ocupará la cama del perro.+
  • La casa te acoge. Esa sensación de querer explorar, pasar tiempo ahí, disfrutar del momento, casi que podríamos decir que la casa te abraza.
  • Entras al baño con naturalidad. Hay compradores que apenas entran a los cuartos de baño, asoman la cabeza pero no se sienten cómodos en un baño ajeno. ¡¡Y eso que no tienen que usarlo!!
  • Dejas de mirar otras casas. Aunque te convences de que hay que seguir mirando por si encuentras algo mejor, pierdes interés en la búsqueda de viviendas porque sabes que ya has encontrado aquello que buscabas. 
  • Defiendes la vivienda. Quizá el agente señala un fallo junto a una ventana, o una persiana que no funciona bien pero te parece algo tan minúsculo que casi te molesta que lo señalen.
  • Estás deseando contarlo. Sales de la visita con ganas de llamar a tu familia y amigos para contarle cada detalle de la vivienda que acabas de ver.

Si tienes estos síntomas, el diagnóstico es claro: enhorabuena, has encontrado tu vivienda.